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Home›Cultura›Pablo Milanés y su eternamente “Yolanda”

Pablo Milanés y su eternamente “Yolanda”

By Jubacu
octubre 25, 2015
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Monitor Sur/Especial

La Habana, Cuba, 25oct2015.-Yolanda es mucho más que una musa. Le tocaron los años duros, y sin posar, levitaba bajo la luz de lo cotidiano, allí fue dibujada a mano, eternizada entre los años setenta y el mar.

Un país, su película rodada en blanco y negro, la que ella ayudaba a narrar asentándola con la voz de Pablo Milanés, entonces nadie tan conocido como hoy.

Tres hijas, un apartamento en El Vedado, visitas, ceniceros, guitaras, problemas y risas, los trovadores, los directores, la vida colectiva. Un mundo en construcción con banda sonora.

De esa vida en blanco y negro nació una gran canción de amor, un himno, el testimonio de una era. De esa vida en blanco y negro nacimos nosotros, el mejor testigo de esas canciones y de esas mujeres que nos recuerdan lo que somos, por si se nos olvida de momento, nos recuperamos de un acorde.

Es imposible contar la historia de nuestros padres, separados o dispersos, unidos en la tierra o en la infinitud, sin cantar esta canción, es imposible no tragar en seco frente a nuestras fotos de familia, intentar recomponer la idea de eternidad sin rumiar: “Quisiera fuera una declaración de amor”.

“Yo fui esa muchacha de la que él se enamoró y podía  haber sido otra,  no creo  que  tenga ningún mérito personal, el talento por supuesto es de él”.

Esto dice siempre Yolanda Benet al hablar de su canción y de su eterno e indestructible nexo con Pablo Milanés.

Ella es mucho más que una musa, y se le ha escapado a cuanto periodista o fotógrafo ha podido, entre otras cosas por la manipulación y los malos entendidos, y porque el arte del amor se hace en presente continúo. Yolanda no vive atrapada entre las cuerdas de una canción. Yolanda es mucho más y Pablo siempre lo supo. Es su eternidad el gran tesoro que lo ampara.

Cubana, dulce, carismática, aguda y sobre todo: cienfueguera hasta la médula. Yolanda viene de una ciudad a la que llaman, La Perla del Sur. Villa fundada por los franceses, las mujeres que allí nacen son graciosas, refinadas, nadadoras y con una noción abierta y visionaria del mundo porque el puerto, el verde azul puerto lleva y trae la certeza de que el horizonte es transitable y todo depende de tus ideas claras para atravesar la transparencia del agua.

Según ella misma me ha contado, la primera canción que escuchó de Pablo Milanés era muy popular y la cantaba cuando formaba parte del grupo “Los Bucaneros”, a principios de los 60, se llama “Estás lejos”. Ella conoce a Milanés en noviembre de 1968, entonces trabajaba en el (ICAIC) Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, y escuchando “Para vivir” se percata de  que este compositor, de sólo 23 años,  no se le parecía a nada de  lo que  sonaba aquí en aquella época,  tenía algo diferente.  Primero conoció su voz, luego apareció él.

Era una época donde para los cubanos ver a los grandes trovadores descargando en los parques o en las salas de las casas era natural. La vida fluía de otra manera, más lírica, diría yo.

Se encontraron gracias a un amigo que atesoraba una  cinta con todas  las canciones que Pablo estaba cantando por aquellos días y no se cansaban de escucharlas, una y otra vez. Ella se enamoró de la voz  y de las canciones, pero a Pablo nunca lo había visto; hasta que un día ese amigo lo lleva a la puerta de su casa.

Yolanda recuerda ese momento como si fuera hoy, fue el día de la primera reunión de trabajo para iniciar la producción del filme: La primera carga al machete. Al fin se conocen, y como ya se había comentado la idea de que él podía hacer música para este nuevo filme se pasaron la noche conversando del tema. Ella confiesa que Pablo lo creía imposible, estaba pasando el Servicio Militar y no imaginaba que le permitirían salir a trabajar. Yolanda es muy emprendedora y positiva, hizo algunas gestiones para que pudiera lograrse,  y así fue; enseguida él empezó a colaborar con ellos  en  la película, compuso cuatro temas que narraban  la historia, su evocación sobre la guerra del 95. Cantando, filmando, componiendo viajando por la isla, intimaron y se conocieron mucho más.

Entonces Pablo era un muchachito con uniforme, un recluta, un hombre común, pero a Yolanda su latido le decía que no era cualquier hombre, siempre le llegó hondo, aun sin haberlo visto. Ella era también era una muchachita que trabajaba en el ICAIC, pero su sensibilidad la guiaba con certeza.

Se dice que entonces él era muy rebelde, que todo le fue difícil en sus inicios.

“Sí, comprendo que él pasó  una etapa muy mala, fue muy golpeado y era y es muy rebelde. La vida  le  ha regalado cosas muy bonitas; sus hijos, su carrera. Tuvo momentos en que lo aplastaba el dolor, necesitaba esa tristeza para componer, eso lo motivaba. Es curioso pero durante nuestro matrimonio tuve la satisfacción de que no  hubo una sola canción de tristeza. Teníamos un mundo muy especial”.

1969 marca sus vidas la experiencia en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. ¿Cuál es tu recuerdo de ese momento?

“Recuerdo que Pablo se integra y empieza a estudiar música, él era un cantautor que nunca había hecho un arreglo musical, ahí se desarrolla y crece. Antes escribía  los textos y la melodía, iba poniendo arriba  del  texto  las notas musicales. Todos ellos eran parte de una generación iluminada, él ya conocía a Silvio desde 1967, quien los presenta es Omara Portuondo, y tenían por  costumbre  que  cada vez que hacían una canción  uno se  la mostraba al otro. Allí convergieron muchas inquietudes musicales y aprendieron ayudándose unos a otros”.

Era un laboratorio, allí Yolanda pasó varias de sus noches, formaba parte de su cotidianidad.

Ella recuerda que el primer arreglo que hicieron como grupo fue justamente para una canción de Pablo y que llegaron a los Estudios EGREM a ver cómo sonaba aquello, porque cada uno había escrito algo,  uno la guitarra, otro la batería. Un momento emocionante que viene a su mente cuando regresa a esas grabaciones.

“Luego muchos directores los llamaban para documentales,  noticieros y largometrajes.  Lo primero que se hizo fue  un  largometraje de Rogelio París: La nueva escuela. Quién (15  preguntas sobre un maestro) que también tenía música de Silvio, y fue  maravilloso.   Al  principio  no se hacía propaganda ninguna sobre el grupo, era fundamentalmente un laboratorio  para  el cine, ahí hacían  sus  experimentos y daban   sus  clases, después  comenzaron  sus conciertos,  música novedosa y experimental pero a la vez muy cubana. Trabajaron sobre varios temas, por ejemplo el de la música brasileña, hubo todo un concierto en portugués y generalmente asistía mucha gente joven”.

¿A quiénes recuerdas de ese tiempo?

“Si cierro los ojos los recuerdo a todos juntos: Pablo, Silvio, Noel, Belinda Romeu, que también estaba en esto, a Omara; Sergio, se hacía un gran concierto y ellos participaban por la parte cubana. Fue aquella etapa en la que algunos cantantes  latinoamericanos se integraron: Daniel Viglietti,  Mercedes Sosa, Isabel Parra…  ah, y también Peter Seeger”.

Poco a poco Pablo era más y más querido. Su presencia se hizo frecuente en un programa de televisión: Te doy una canción y  aparecía habitualmente junto a Silvio. Yolanda cuenta que Pablo escribió muchísimas canciones en la época en que vivieron juntos. Por ejemplo: “Yo no te pido”, ella no sabía que era de él, pensaba que era de Silvio porque  él acostumbraba a enamorarla con canciones de Silvio. Esa era una trampa deliciosa y humilde.

Un día le cantó “yo no te pido que me bajes una estrella azul…” y ella le dice: -Qué linda esa canción de Silvio”,  y él dijo  – No, es mía y para ti. Fue la primera de todas las grandes canciones que él le compuso.

Yolanda es un cascabel, aguda y humilde, revoluciona todo a su paso, Pablo melancólico, callado, con sus espejuelos de pasta cuadrados. Cuando  ella lo conoce  él cantaba  cosas muy  tristes, arrastraba un poco de toda esa tristeza personal hasta sus obras, muchas de ellas trataban de rompimientos, de amores distanciados, de repente: “Yo no te pido” fue un salto a su alegría. Era  una  canción diferente a  las que él estaba acostumbrado a componer. “Era un cambio de  su energía.  Su obra anterior tenía nostalgia, gorrión, yo vi en esa canción un cambio para bien”.

Tal vez es su risa y su optimismo, ese candor que conserva Yolanda lo que cambia su obra. “Pablo siempre le decía que necesitaba estar  triste  para poder crear”. Con 25 años él estaba instalado en su tristeza, creando, derramando todo eso en su guitarra.

La canción Yolanda es luminosa, es un canto a la eternidad. Es un desgarramiento y un himno. “¿Yolanda? Yolanda es toda magia. Ella se me aparece, es un espíritu delicado, y me acompaña. No te puedes imaginar a qué lugares del mundo llega, los recónditos sitios en que yo he estado y me he encontrado con esa canción”.

Ella viaja lejos, contigo y conmigo, de verdad ella se parece a ti y tú a ella. Es lo que yo siento cuando estoy lejos y alguien la canta. Cuentan  que a veces cuando ella está sola en un aeropuerto o en una calle de una ciudad desconocida  y la escucha, se estremece;  calladita sigue de largo, es incapaz de decir quién es y lo que ha desatado su nombre, su presencia.

Puede acabarse todo, puedes poner en duda muchas cosas, pero nos quedan aquellas obras que nos dicen que fuimos reales, que hubo una utopía y un amor. Yolanda es una pieza clave. ¿Cómo nació?

“Él estaba enloquecido por tener un hijo y nace Lynn, la primera de nuestras tres hijas. Cuando  la niña tenía como una semana de nacida Pablo viaja para hacer  un trabajo  del ICAIC. Fue terrible desprenderse de la casa; se va al interior del país y cuando regresó nosotras estábamos en la casa de mi madre. La niña  estaba  majadera, lloraba, no se quería dormir, yo lo intentaba, pero era una lucha. Llegó Noel Nicola, Pablo cogió la guitarra y me cantó “No me pidas”, “Quiero poner la tierra a  tus  pies” y “Yolanda”.

En ese minuto ella no lo escuchó con atención, estaba atendiendo a la niña, no se percató de su cara de frustración, estaba concentrada en la bebita. Con calma, ya por la noche, muy tarde cuando todo el mundo se había dormido y estaban solos, mientras le daba el pecho a la niña ella le pide a Pablo que le cante las nuevas canciones, y por primera vez escucha: Yolanda.

¿Cómo la recibiste, qué pasó por tu cabeza en ese instante?

“Para una mujer recién  parida, lactando, el hecho de que se aparezca Pablo con una canción como esa me paralizó. Pero sobre todo porque él supo unir muchas cosas que teníamos en común, códigos, símbolos, y todo aquello lo trasmitió a través de una canción aparentemente tan sencilla”.

Desentrañemos un poco este juego semiótico-amoroso:

“Rezando el credo que me has enseñado”.

“Eso era es y será algo nuestro, aquí quedó por siempre”.

Trabajaban en el ICAIC, pero con horarios diferentes. Vivían en el mismo barrio: en El Vedado, en un piso 15. Existía una ventana, un espacio secreto y, a la vez expuesto, que a lo lejos los comunicaba con suma nitidez.

“Aquí la luz es maravillosa y nos comunicaba, nos podíamos “hablar” a lo lejos, a través de los movimientos que hacíamos  de un lado a otro de la calle y formábamos frases  de amor. Contábamos las horas. Él y yo teníamos un sentido casi exacto de nuestra vida cotidiana y cuando yo venía de regreso a casa ya él me estaba mirando, me seguía de cierta manera, con un ritual muy especial, entonces  empezaba a hacer señales con la ventana. Eso nadie lo entiende, pero cuando lo escucho no deja de asombrarme el modo, la capacidad de síntesis que él encontró para decir todo aquello dentro de un mismo verso”.

Dejemos a la fantasía todo lo que el imaginario popular cuenta sobre los códigos que trae intrínseco el cuerpo de este memorable texto, para qué develarlo todo.

“Yo podía acordarme de más cosas, confiarte más y más cosas pero siempre le he  huido a esto, sinceramente pienso que el mérito de todo, que puede haber con relación estas canciones, es solo de él. Pablo es el artista, el poeta. Yo soy Yolanda.

Algo curioso es que ni él ni yo mencionamos la posibilidad de grabarla alguna vez, era íntimo, un secreto de ambos. La canción empezó a trascender en el ICAIC, los músicos, los directores, y además le hicieron un arreglo maravilloso; se grabó enseguida  en el propio ICAIC, lo estrena Pastor Vega en un documental y Pablo empezó a cantarla  en los conciertos. En los primeros años no tuvo esa repercusión que tiene hoy. Ahora es un himno.  Él me  cuenta siempre que ha tratado de quitarla  del  repertorio, tiene  cosas nuevas, canciones que bien pueden estar en su lugar, pero no ha podido nunca, porque la gente  no lo deja”.

Yolanda la entiende como parte de su mundo cotidiano, Yolanda & Yolanda armonizan en un universo tanto personal como universal, pertenece al gusto estético que ella adoraba y que siempre admiró en Pablo, antes y después de conocerlo, antes y después de estar juntos ella soñaba con este tipo de obras que te saquean el alma y que a la vez te devuelven a la vida con optimismo.

Lo curioso es que esta canción demoró en hacerla entre 20 minutos y una hora, parece muy simple, pero en el arte las cosas simples toman una dimensión insospechada.

“Se fue  de todo pronóstico, no creo que él pensó nunca que esa obra iba a trascender tanto, a mantener  su vigencia a pesar de los años que tiene; a pesar de lo que hemos vivido los dos después; porque sí hicimos nuestras vidas posteriores y hemos sido felices cada quien en su historia. Yo creo que  fue hecha  con su inmenso talento y con tanta verdad y tal sentimiento, con tanto amor en su momento, creo que es lo que hace que trascienda día a día”.

En cambio: “El tiempo el implacable el que pasó” fue el final.

“Ya estábamos separados. Es innegable, se trata de una canción que trae consigo un desgarramiento terrible, la compuso en plena crisis. Pero eso es un artista, un creador, el ser humano que saca con  ingenio su dolor convirtiéndolo en joyas”.

Lo que más admira Yolanda de Pablo como compositor es “su don prolífico”. Como ser humano ella me confiesa “Pablo es el padre que siempre quise tener para mis hijas e incluso, si fuera más allá, para mí, desde que lo vi por primera vez, en su acercamiento con los niños, su ternura, me gustó, no creo haberme equivocado”.

Tienen tres hermosas hijas: Lynn, Liam y Suylen . “Tenemos 7 nietos en común. Las tres niñas estudiaron música, Lynn es flautista y además cantante profesional. Una decoradora nata, transforma muy bien los espacios, en eso se parece mucho a mi”.

Suylen canta cuando la vida la inspira, ahora mismo está en los estudios PM Records grabando su último disco, pero es tan intensa que puede llevar una empresa de música y producir un festival de la talla de “Proposiciones”.

Liam: Graduada de dirección coral ha preferido, por su timidez, la vida empresarial en el mundo de la música, pero canta de vez en cuando pues tiene una muy linda voz. Y los nietos siempre juntos, porque fundaron una familia unida, contando también los otros hijos de Pablo.

Pablo y Yolanda han encontrado un hermoso equilibrio, el de estar juntos siempre que pueden para disfrutar de la familia que han creado, en las buenas y las malas. A mi pregunta de cómo pudo rehacer su vida más allá del mito ella contestó: “Siendo eternamente “Yo”. (Publicado en El Mundo).

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